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martes, 23 de febrero de 2016

El Oro del Rey Midas


El cuento del Rey Midas y El Toque de Oro


Hace mucho, mucho tiempo vivía en un lejano reino un rey llamado Midas.

Era conocido por su enorme riqueza y era dueño de un gran palacio y de todos sus alrededores.

Era un gran amante de todo lo que tuviera relación con el metal dorado.

El Rey era un hombre solitario y su única familia era la princesa Zoe, su hermosa hija.

El amor del Rey Midas por el oro era tan grande que se podía considerar una   adicción. Todas   las   mañanas bajaba al sótano de su palacio y se regocijaba con toda su fortuna y era muy feliz pero siempre deseaba tener más.

Un día apareció en el jardín del rey un mago llamado Silenio, que era gran amigo de Dionisio, dios de la celebración.

El Rey Midas fue muy hospitalario con el amigo del dios la amistad y en   agradecimiento   Dionisio   decidió   otorgar   al   monarca   su   mayor deseo: CONVERTIR TODO LO QUE TOCARA EN ORO.

A la mañana siguiente al despertar, el Rey noto que su deseo se había convertido en realidad, tenía el toque de oro.

Todo el recorrido del monarca hacia el comedor fue de gran felicidad tocaba   todo con gran destreza   para transformarlo en oro.

El rey estaba tan feliz y parecía que nada podría ponerlo de mal humor hasta que se sentó en la mesa. A partir de ese momento todo fue penuria, por más que intentó probar bocado no podía, cualquier alimento que tocaba se transformaba en oro, entonces la felicidad que rodeaba a Midas se convirtió en tristeza. Estaba desolado, pero eso no era lo peor, la princesa Zoe al notar que su padre estaba sufriendo corrió a darle un gran abrazo, el rey no tuvo tiempo de reaccionar y convirtió a su más preciado tesoro en una gran estatua de oro.

La desdicha de Midas fue tan grande   que   Dionisio decidió regresar con   el Rey y quitarle el hechizo.

Cuando le pregunto cuál era su mayor deseo no dudo en decir que quería tener a su hija de nuevo y verla sonreír como antes.

El mago al ver que Midas había aprendido la lección le dio la solución para cambiar el hechizo. El rey tuvo que sumergirse en un río para revertir su toque dorado. Al salir del río Midas notó que todo había vuelto a la   normalidad.

Desde entonces el rey Midas fue un hombre alejado del mundo material y vivió rodeado de la naturaleza y el amor de su hija.

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